
Las Utopías y los retos de la transformación del espacio público en contextos periféricos de la CDMX
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Una deuda histórica vigente: feminismos y lucha de derechos en el siglo XXI
marzo 13, 2025Feminismos abriendo espacio público vivido, apropiado y resignificado este 8/M
Patricia Ramírez Kuri[1]
“Las desigualdades entre hombres y mujeres se fundamentan en distintas formas de dominación, y la violencia es una forma extrema de ejercer el control social. La violencia no se circunscribe únicamente a la que un hombre concreto ejerce contra una mujer directamente, sino que va más allá pues se inscribe en el entramado de relaciones económicas, sociales, políticas e ideológicas que constituyen las estructuras de dominación” (Dolors Comás, 2014).
El espacio público apropiado por multitudes de mujeres diferentes en edad, clase, culto, origen, preferencias sexo-genéricas y políticas vibró este domingo 8 de marzo pleno de energía abriéndose a los pasos, voces, brincos, baile y coros entonados por madres, hijas, infancias, abuelas, acompañadas de bebés, infancias y mascotas. En conjunto la multitud heterogéna desplegó la vitalidad y diversidad del movimiento feminista que unió a la ciudad y a la metrópoli en el centro de la capital.
Quiero que mis alumnas sepan que su voz puede cambiar al mundo. Esta frase escrita en un cartel acompañó mis pasos mientras con la mirada en las palabras plasmadas en otras pancartas leía dolor, indignación, anhelos, reclamos y demandas legítimas en favor de derechos. Al caminar apareció fortalecido el grito de rechazo a la violencia abusiva, feminicida, machista, bélica, en sus diferentes, crueles y corrosivas modalidades. Este hilo conductor se desplegó de Paseo de la Reforma, avenida Juárez, calle 5 de Mayo hasta llegar y tomar el Zócalo, la más emblemática plaza pública del país donde resonaron para la capital y para el mundo, reclamos legítimos como representaciones de una madeja que entrelaza experiencias vividas en centros y periferias, nombrando, impugnando y expresando deseos y voluntades de cambiar la realidad que envuelve y atraviesa la vida social y simbólica de una sociedad que no olvida las pérdidas y desapariciones, exigiendo que no haya una más.
¿Qué cambió este año 2025? Siembra rebeldía, cosecha libertad
La memoria viva del rechazo a las violencias se articuló y nombró más explícitamente que otros años la relación entre Ni perdón ni olvido al Estado asesino y al macho violador con la denuncia a desigualdades expresadas en la crisis de cuidados, la salud mental, la opresión religiosa y familiar expresada en el Saquen el rosario de mis ovarios y, con la denuncia del abuso infantil con el imperativo Escucha idiota, las niñas no se tocan. La reivindicación histórica del derecho al aborto y de ejercer la libertad de decidir sobre el cuerpo caminó de la mano con la demanda de libertad para cambiar la vida. La crítica al Estado patriarcal se mostró conectada con la crítica a formas de dominación del sistema capitalista y del orden económico neoliberal.

Ramirez Kuri, Patricia (2025) 8M, Zócalo de la Ciudad de México
En esta marcha la historia de las luchas sociales feministas en la práctica volvió a hacer eco manifestando que lo personal es político en el umbral donde se encontraron generaciones de mujeres. La relevancia del espacio público lució al mostrarse como escenario de expresión donde el conflicto no violento aparece como forma intensa de socialización cumpliendo un papel integrador. Siguiendo a Simmel (2014), actúa como dispositivo transformador y de resistencia ante las indiferencias, divisiones, separaciones y jerarquías. De aquí la frase: Aquí no hay exageración, hay resistencia, entre otras contundentes que desplazaron la violencia y la agresión que en esta marcha no tuvieron lugar central en el ritmo sonoro del conflicto contra la indolencia, la insensibilidad, la inacción, el miedo, la culpa y la disociación. El medio ambiente con relación a las mujeres y las condiciones de habitabilidad quedó pendiente y latente hasta tener mayor visibilidad. Este año la ruta trazada por juventudes de todas las edades unió en verde y morado una madeja de esperanzas de cambiar el mundo en clave de alegría y libertad que fluyó poderosa como forma de rebelión y de desagravio en las batallas inacabadas por la justicia social, espacial, urbana y ambiental que libran las mujeres defendiendo el derecho a la ciudad.




