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marzo 13, 2025La resignificación del espacio público en contextos de desigualdad, como el que enfrenta la alcaldía de Iztapalapa en la Ciudad de México (CDMX), ha sido un desafío histórico en los procesos de gestión urbana. Actualmente, el proyecto de las Utopías busca transformar zonas periféricas y marginadas mediante espacios públicos de cohesión social y recreación. Sin embargo, la iniciativa está atravesada por tensiones estructurales relacionadas con los procesos de despojo urbano, la precariedad laboral, las transiciones políticas y la apropiación comunitaria de los espacios intervenidos.
A raíz de una salida de campo realizada por estudiantes del grupo de Trabajo Etnográfico II (semestre 2025-1) de la Licenciatura en Antropología de la UNAM,[3] en donde se visitaron tres Utopías: Teotongo, Tecoloxtitlan y Barco Utopías, se llegó a la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los desafíos a mediano y largo plazo para garantizar la sostenibilidad, la apropiación comunitaria y la capacidad de estos proyectos para transformar realmente las dinámicas sociales en zonas periféricas? Dado que en los proyectos de la ciudad a menudo se prioriza el capital sobre el bien común, algunos retos a medio y largo plazo de estas iniciativas son lograr la sostenibilidad como políticas públicas, procurar una mayor apropiación comunitaria y, desde luego, aumentar el impacto social en las poblaciones locales.
El derecho a la ciudad como eje transformador
El derecho a la ciudad es la posibilidad de habitar, participar y apropiarse del espacio urbano de manera colectiva (Lefebvre, 1968). Así, el proyecto de las Utopías pretende democratizar el acceso al espacio público en una de las zonas periféricas y marginadas de la CDMX. Estas intervenciones intentan devolver el uso y disfrute de los espacios a las comunidades históricamente excluidas del mismo, rehabilitando el tejido social de estas zonas. Como lo percibió Abigail Moreno, alumna y vecina de las Utopías:
“Las transformaciones de los espacios aledaños a las Utopías hacen de estos proyectos una propuesta genial para fomentar el uso y apropiación de lugares donde antes no había nada o estaban abandonados. Al día siguiente del recorrido regresé al “Barco” con mi mamá, pues vivimos muy cerca de ahí, y en lo que ahora es un parque lineal hay ciertos días donde los vecinos organizan clases de baile, van a correr o andar en bici, las familias hacen picnic. O sea, yo siento que sí hay más actividades al aire libre, a lo que se suman eventos de todo tipo ¡en un museo en la zona de Iztapalapa!”

Utopia Barco
Como señala Ramírez Kuri (2016), “el espacio urbano no es neutro, sino un campo de tensiones entre intereses económicos, estatales y comunitarios” (p. 14). Las Utopías, en este contexto, enfrentan diversos desafíos: superar décadas de abandono estatal, enfrentar la estigmatización territorial y operar en el marco de una transición de política urbana marcada por tensiones. A pesar de esto, al ofrecer espacios destinados al deporte, la recreación, la salud y la cultura, buscan resistir las dinámicas neoliberales que han redefinido la política urbana en América Latina priorizando la competitividad económica y la privatización de los recursos públicos. Al respecto, Abraham Valdés precisa:
“No sólo tienen fines estéticos de mejorar o embellecer el espacio público; en su mayoría, las actividades de las Utopías están dirigidas para dignificar la calidad de vida de las personas. Por ejemplo, la activación física enfocada a la gente de la tercera edad, en la Casa del Adulto Mayor de la Utopía Teotongo, ha dignificado la vida de las y los “abuelitos”, pues como nos dijeron en la práctica: prefieren estar bien ahí que estar en su casa lavando platos o sintiendo que son una carga para sus familias.”
Si bien se pueden destacar muchos logros de estas iniciativas, falta evaluar su sostenibilidad como políticas públicas y su capacidad para contrarrestar las tendencias que benefician a un proyecto urbano neoliberal.
Justicia espacial en las periferias y desafíos en la construcción del espacio público
En el contexto de Iztapalapa, garantizar la justicia espacial (Soja, 2014) implica enfrentar retos a varios niveles. Primero, la integración de las comunidades en la gestión y toma de decisiones relacionadas con estos espacios es esencial para su sostenibilidad a largo plazo. Aunque en casos como Teotongo y Tecoloxtitlan se ha observado una participación vecinal activa, en otros, como la Utopía Barco, la participación comunitaria es limitada. Para Santiago Valverde, este tipo de Utopías no involucran al público local:
“El surgimiento de la Utopía de Tecoloxtitlan es más barrial. En contraste, el Barco Utopía funciona más como un museo en medio del Periférico y no como un centro comunitario. No se nota una apropiación local del proyecto; además, tiene un acceso complicado. Habría que pensar cómo generar más vinculación comunitaria en ese tipo de Utopías.”

Utopia Teotongo
El segundo desafío tiene que ver con la precariedad laboral de quienes gestionan y trabajan en estos espacios. Es necesario garantizar empleos dignos y estables, lo que no sólo fortalece el mantenimiento de sus infraestructuras, también el sentido de pertenencia entre sus trabajadores y las comunidades. Durante el recorrido, se observó que muchos trabajadores son empleados a través del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” o esquemas informales, lo que resulta en condiciones de trabajo precarias. Esto hizo reflexionar a Fernanda de Lira, profesora de antropología, sobre las contradicciones entre los beneficios comunitarios de las Utopías y las inestables condiciones laborales:
“Llama la atención las condiciones laborales de quienes trabajan en estos espacios. Muchas veces, los puestos son ocupados por becarios o personal con contratos temporales y mal remunerados. Por ejemplo, la psicóloga y la abogada deberían tener continuidad y estabilidad laboral, ya que las personas que acuden a ellos necesitan procesos a largo plazo, tanto terapéuticos como jurídicos. Sin embargo, si estas profesionales cambian a los meses o cada año, los procesos se interrumpen y afecta a la comunidad.”
El tercer desafío está relacionado con la apropiación comunitaria y la inclusión social. Aunque estos espacios han revitalizado áreas anteriormente abandonadas, su integración en las dinámicas comunitarias es limitada debido a la falta de mecanismos participativos efectivos. Valentina Gómez comenta:
“Para que las Utopías puedan seguir teniendo buenos resultados, el punto es que la gente se involucre y se apropie de estas políticas. Aunque vengan del gobierno, es necesario que se haga una política conjunta entre las comunidades y las autoridades. También rescato mucho lo que dijeron durante el recorrido: ‘es un deber del gobierno reconocer y mejorar la situación de las mujeres en toda la ciudad’. Más si tomamos en cuenta que en las Utopías hay una mayor asistencia de mujeres; son ellas quienes están construyendo un tejido social comunitario.”
Finalmente, el cuarto desafío es la sostenibilidad de los espacios y la gobernabilidad. Esto incluye el mantenimiento de la infraestructura y la consolidación de políticas públicas integrales respaldadas por un marco normativo que trascienda las coyunturas del partido en el poder en la CDMX.
¿Qué nos dicen las Utopías sobre el futuro de la ciudad?
Las Utopías en Iztapalapa implican desafíos extensivos a cualquier iniciativa que pretenda impactar de manera positiva en las comunidades. Su sostenibilidad depende de superar obstáculos estructurales como la falta de continuidad administrativa, la precariedad laboral y las tensiones entre intereses económicos y sociales. Entre estos destacan la necesidad de establecer mecanismos institucionales que garanticen la continuidad de los proyectos más allá de los cambios de administración y contrarrestar la amenaza de gentrificación. Fernanda de Lira comenta:
“En la CDMX hay espacios no periféricos que también tienen la necesidad de implementar políticas culturales. Por ejemplo, en la colonia Roma hay un desplazamiento de los habitantes originarios por la gentrificación. Muchas familias no pueden pagar o acceder a los nuevos espacios que se crean; necesitan centros culturales comunitarios a donde acudir. El reto es adaptar y extender este tipo de proyectos de acuerdo a los diversos contextos sociales y políticos de toda la ciudad.”
Es fundamental implementar estrategias que refuercen la apropiación comunitaria, asegurando que los habitantes participen activamente en la gestión y mantenimiento de estos espacios, convirtiéndolos en motores de transformación social. Así, las Utopías representan una oportunidad para repensar las dinámicas del urbanismo en las periferias de la ciudad. Su capacidad para consolidarse como herramientas de transformación social dependerá de su sostenibilidad a largo plazo y de la construcción de políticas públicas inclusivas que integren la participación comunitaria.
Bibliografía
- Lefebvre, H. (1968). El derecho a la ciudad. París: Anthropos.
- Ramírez Kuri, P. (Coord.). (2016). La reinvención del espacio público en la ciudad fragmentada (1.ª ed.). México: UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales; Programa de Maestría y Doctorado en Urbanismo.
- Soja, E. W. (2014). En busca de la justicia espacial (C. Azcárraga, Trad.). Valencia: Tirant Humanidades.




